Pedro Montaldo triunfa en su primer día de luces

El Oreano ha conseguido sacar un merecido éxito de unos toros mansos, sin fuerza y descastaos

Los dos erales, de la ganadería de Juan Vicente Mora, han sido encerrados de uno en uno y aún así han protagonizado varías carreras.

El primero se metía en la plaza tras dos intentos de volver a la ganadería y como dice el refrán, a la tercera va la vencida; El segundo, tras saltar la alambrera y varias huidas más, entró en la plaza del brazo de los mozos.

Tras un encierro, entretenido para los aficionados taurinos, pero que ya hacía presagiar una tarde complicada para el diestro de Orea, a las 17:46 iniciaban el paseíllo.

Abría plaza el número 35, primero de la tarde y segundo del encierro. Un toro de buena presencia pero manso y descastao, que se quedaba corto en cada pase. Más pendiente del público que del torero, anduvo despistado en toda la Liza.En definitiva un toro malo donde los haya al que, con mucho esfuerzo, el diestro pudo sacarle una oreja.

Dos estocadas, muy peleadas por el despiste del novillo.

Podría extenderme más en la lidia del primero, pero no dejaría en buen lugar al toro, y por respeto al animal, por afición y por la valentía del diestro, no merece la pena.

Del segundo, todo lo contrario, aunque con poca presencia, de cuernos gachos y cerrados, fue bravo, desde el principio mostró su nobleza.

Con la capa, el diestro se permitió varias verónicas, que hicieron las delicias de un público, ya de por sí muy predispuesto a los olés por la parte que nos tocaba.

Además, para ser su primer día de luces, dejó los nervios a un lado y primó el compañerismo, permitiendo un quite en el tercio de banderilla a un subalterno que se lució con revoleras y medias.

Con la muleta, el toro entraba por ambos pitones. Pedro supo darle el espacio necesario, entendió al lidiar las necesidades del astado y brilló como su traje.

Pases largos, con buena muñeca y de pecho por ambos pitones. Por la ganas que tenia el diestro, se pasó con la faena y en algunos puntos se dejó ver la inexperiencia.

En definitiva, buen toro para lo que había pasado por la mañana en el encierro.

Dos estocadas, hilvanó al toro en el primer intento, porque el diestro estaba mal colocado; la segunda, certera aunque trasera, el toro se tumbó en la puerta de los toriles, haciendo poco honor a su casta y el puntillero, poco acertado, lo levantó con la puntilla.

Las orejas del segundo, a tenor de la verdad, algo inmerecidas, puesto que se alargó en exceso el sufrimiento del toro con la puntilla, el descabello y el tiempo.

Lo peor de la tarde, la falta de seriedad de la plaza. La Charanga llegó tarde y por lo tanto el paseíllo fue sin música. Cuando llegaron los señores, ya estábamos a más de media lidia del primero.

La plaza sin regar, salimos todos de allí con el pelo blanco y la piel negra de polvo. A lo que había que sumar el sol de justicia que hacía a las 17,30 en una tarde de julio.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s